Noviciado

El Noviciado es un tiempo de formación especial durante el cual la joven se prepara a una consagración a Dios mediante la profesión de votos públicos, según las Constituciones y la espiritualidad de las HMSP. Es por ello que la novicia porta el hábito propio desde que inicia esta etapa de formación, el cual es signo de su consagración y testimonio de pobreza.

Para ser admitida al noviciado es necesario que la joven que lo solicita tenga al menos veinte años de edad y haya cubierto todas las etapas de formación previas: el tiempo de formación como misionera laica, la etapa apostólica y el postulantado.

El noviciado de las HMSP dura dos años. Durante el primer año, se dedica todo el tiempo a profundizar en la comunión personal con Cristo y las exigencias de la caridad y de la vida comunitaria. Durante el noviciado de las HMSP merecen especial atención los principales aspectos de la espiritualidad comunitaria, como son el espíritu de generosidad y de sacrificio que fortifican la voluntad, y el conocimiento vivencial de la Palabra de Dios. También ocupa un tiempo importante el estudio de las Constituciones del instituto, de algún idioma, liturgia y música.

La novicia debe cultivar un especial aprecio por la vida de oración, la cual alimenta especialmente con el estudio y la reflexión de la Sagrada Escritura, convencida de que una misionera vale tanto cuanto sabe orar.

La vida de oración en común es uno de los deseos más sublimes del Señor, y constantemente lo aconseja a los suyos: «Cuando dos o tres se reúnen en mi nombre, yo estaré entre ellos» (Mt 18, 20); debe ser alimentada principalmente por la oración comunitaria, y es por eso que las novicias rezan en común el Oficio de Lectura, las Laudes, una hora intermedia, las Vísperas y las Completas. También en la meditación de la mañana –que dura una hora– y en la Celebración Eucarística se participa comunitariamente.

El trabajo manual no debe faltar en las actividades diarias de la novicia, pues éste juega un importante papel a la hora de forjar carácter firme, que no vacile ante las dificultades de la vida.