Oración

Hay un elemento que está a la base de una evangelización eficaz, y éste es la comunicación con Dios en la oración. Un Servidor de la Palabra vale tanto cuanto sabe orar, así que, para anunciar la Palabra de Dios, el Servidor de la Palabra debe ser hombre de oración, pues de ello depende la eficacia de su apostolado.

Con la oración no le quitamos tiempo a la acción, por el contrario, ésta se hace más eficaz (Czos. II, 790).

El misionero encuentra la paz en la oración, para sí mismo y para los demás. Sabe que orar no es sólo hablar con Dios, sino también callar y escuchar lo que el Señor le pueda comunicar. Para esto se necesita un corazón humilde y lleno de fe, por el que pueda estar en sintonía con Dios. Además de la Liturgia de las Horas y la Eucaristía diaria, tiene una hora cotidiana de oración ante el Santísimo Sacramento del Altar.

La oración es un encuentro amoroso con Dios. En ella se descubre a un Dios que nos acompaña, nos ilumina y nos alienta (Czos. II, 768).