La humildad

La humildad es indispensable para que el misionero pueda perseverar en su vocación y permitir que Dios actúe y manifieste su amor. Los Servidores de la Palabra deben procurar el cultivo de esta virtud, sabiendo que Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes.

El mismo nombre de servidoreses un programa de vida: el servidor trabaja a beneficio de otros, no es el mejor ni el más importante. Su trabajo es obedecer al Señor con generosidad y darle gloria por lo que Él realiza mediante sus servidores. Debe tener presente, al cabo de la actividad apostólica, lo que el Señor nos enseña: «Cuando hayan hecho todo lo mandado, digan: no somos más que unos pobres servidores, que hemos hecho lo que teníamos que hacer» (Lc 17, 10).

El Servidor de la Palabra, que está llamado a realizar obras grandes a favor de los demás, necesita ser generoso para conseguir mucha ayuda de Dios; nunca debe compararse con otras instituciones apostólicas, sino que ha de estar abierto para descubrir los talentos de los otros.