¿Quiénes son?

«La Iglesia es, por su naturaleza, misionera» (AG, 2), porque es la continuadora de la obra de salvación, iniciada por Cristo. Él es el Misionero del Padre que da el mandato a la Iglesia:«Vayan por todo el mundo a predicar el Evangelio a toda criatura» (Mc 16, 15).

Si la Iglesia no se preocupara por anunciar el Evangelio estaría traicionando el mandato de Cristo, pero en ella, los Institutos Misioneros garantizan el fiel cumplimiento del mandato misionero.

Los Servidores de la Palabra somos una familia que ha nacido para trabajar en este encargo del Señor, a través de la preparación y envío de laicos y religiosos misioneros de ambos sexos. Su carisma fundante: «evangelizar –con la Biblia en la mano– a los laicos para evangelizar con los laicos».

Entrar en las filas de los Servidores de la Palabra es enriquecer a la Iglesia, fortaleciendo su carisma fundamental: ser misionera.

Este sitio en el ciberespacio ha sido preparado con un gran aprecio para cuantos buscan materiales privilegiados con los cuales enriquecerse a sí mismos por medio de la Palabra de Dios, y a la vez contagiar a la sociedad con este magnífico don.

Nacen los institutos

En 1978, nuestro fundador dio vida al Centro Comboniano de Evangelización, que inició produciendo casettes, libros y folletos de evangelización. Este Centro despertó un fuerte deseo de evangelización en muchos jóvenes y adultos, así que el p. Luis comenzó a organizar un movimiento de laicos.

A fines de 1981 los superiores combonianos le aconsejaron llevar adelante este apostolado con los jóvenes bajo la responsabilidad de un obispo.  Así lo hizo, y el movimiento laical por él iniciado fue tomando consistencia en la diócesis de Cuautitlán-Izcalli, al mismo tiempo en que ocupó el cargo de párroco en la población de San José el Vidrio, ambas localidades en el Estado de México.

Queriendo el fundador dar un nombre al movimiento laical, centró su atención en el texto de Lc 1, 2: «…tal como nos las han transmitido los que desde el principio fueron testigos oculares y Servidores de la Palabra…».

Los misioneros laicos hacían una promesa pública de evangelizar por un año a tiempo completo; en dicha promesa se manifestaba el propósito de acompañar la predicación con el testimonio de una vida inspirada en los consejos evangélicos.

Origen del nombre

El nombre Servidores de la Palabra es eminentemente bíblico: San Lucas comienza llamando así a los Apóstoles: «…tal como nos las han transmitido los que desde el principio fueron testigos oculares y servidores de la palabra»  (Lc 1, 2).

Servir a la Palabra quiere decir servir a Cristo, Palabra viva del Padre que salva al mundo.